martes, 14 de febrero de 2012

La Percepción del Tiempo

LA PERCEPCIÓN DEL TIEMPO:
EL TIEMPO PSICOLÓGICO Y EL TIEMPO ASTROLÓGICO


La percepción direccional del Tiempo. El ayer, el hoy y el mañana. 

Aunque existe un tiempo físico medible con el ritmo que marca un reloj, en nuestra percepción interna, lo que llamamos tiempo, es el resultado de percibir y sentir el cambio y la mutación de las formas. El tiempo, en su dimensión psicológica, es nuestra consciencia del cambio, pues sin cambio no habría tiempo, todo permanecería monótonamente igual para siempre. Lo que ayer fue, hoy ya no es, y mañana ya será otra cosa. Solo el cambio parece ser lo único permanente, como ya dijera Heráclito que lloraba entristecido frente al rio al no poder encontrar un punto fijo en su fluir, esa era su imagen del continuo devenir de las cosas. 
¿Qué hace que las cosas cambien, se transformen y modifiquen?, sin duda el fluir de la energía, pues “la energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma”, según reza el axioma físico de la energía; ya que su estado es el cambio y la mutación para expresarse en infinitos modos y formas. 

El tiempo es un elemento básico de nuestra realidad que parece residir en la mutación de las formas y tiene su esfera de acción en el plano de lo psicológico, en el modo unidireccional en el que estamos condicionados físicamente por nuestros sentidos para asimilar lo percibido. El ahora lo sentimos como real y autentico, el antes se nos aleja en el pasado y el después aún no lo podemos aprehender, pues reside en el futuro. 

La percepción psicológica del tiempo la imagino como una cremallera abierta que vamos cerrando pero que no podemos volverla a abrir, pues se desliza en una sola dirección: de abierta a cerrada. El “pinganillo” que utilizamos para cerrarla funciona de modo semejante a nuestra consciencia, al ir engranando dos hileras de dientes, que se van encajando entre sí en un encadenamiento causal, de causa-efecto. 

Al mirar hacia atrás vemos ese pasado ya definido y cerrado, donde cada diente de un lado está encajado con uno del otro lado, donde cada causa tiene su efecto. Pero si miramos hacia delante las dos hileras de dientes están aún separadas, se muestran divergentes y desconectadas, sin aparente relación entre sí, supuestamente lejana la una a la otra, pues cada fila dentada se sitúa en su propia dimensión, la una en su dimensión puramente energética de orden energético-psíquico y la otra dentro del orden físico-material; es como el futuro desconocido del que no sabemos que nos traerá ni como lo hará. Nuestra consciencia, el “pinganillo” del ejemplo, hace converger las hileras al engranar los dientes entre sí en el presente actual, para irlos dejando juntos en el pasado y proseguir con los inmediatamente futuros, aún por encajar, y así hasta llegar al final de su longitud temporal donde terminará de expresar una historia concreta y personal. ¡Se cerró la cremallera del tiempo!... 

El ahora es un momento temporal como otro cualquiera, donde está el “pinganillo” de nuestra consciencia, y por tanto nos servirá como punto de referencia de las dos direcciones "del antes y del después". El ahora es real y existe para mí, es el suceso actual donde se engranan los dientes; y que yo lo siento con toda seguridad, pues está en mí y yo me encuentro inmerso en él, ¡en plena faena!... 

Pero también el ahora, donde se enganchan los dientes, es el futuro de lo que fue ayer, cuando esos dientes aún estaban por enganchar, y ese ayer también fue real porque lo recuerdo como otro hoy. Por eso, si el ahora es el futuro de ayer, el futuro de ayer existe, es real, porque está aquí y ahora. Por idéntica razón el ayer de ayer (anteayer) tuvo su futuro anteriormente y de esta forma podríamos remontarnos hasta los orígenes del tiempo... 

De tal modo el futuro de cualquier tiempo pasado lo puedo centrar en el ahora de hoy, que es presente y que lo percibo como real, y por tanto puedo decir, que el ahora de hoy es el futuro que existe para cualquier tiempo pasado, luego el futuro ya existe. 

Por análogas razones, aunque a la inversa, como el mañana es el futuro de ahora, ha de existir y ser real, porque el ahora de hoy es el pasado de mañana, y hemos concluido que el futuro existe para todo tiempo pasado, por tanto el futuro de ahora también existe. 

Mientras el tiempo se percibe básicamente a nivel psicológico el espacio lo percibimos a nivel físico, por eso es fácil entender que un determinado edificio situado en tal sitio de la ciudad exista ahora aunque yo no lo vea, sin embargo el edificio, de hecho, está situado para mí en el futuro pues necesito un tiempo para alcanzarlo y que sea real para mi ahora, en mi presente. 

En conclusión, cualquier tiempo pasado, presente o futuro existe, pero yo determino como claramente real solamente el momento presente, el ahora. El pasado, a medida que se aleja, se nos va haciendo más difuso hasta perderse en la oscuridad del olvido. El futuro se nos plantea siempre desconocido, como incógnita que el humano intenta despejar progresando el presente mediante el cálculo de la probabilidad, la prospectiva o la mera especulación, o bien dando un salto hacia futuro con la intuición. 

Precisamente estos saltos intuitivos, en un aparente vacío, es un medio con el que podemos comprobar-experimentar subjetivamente la realidad y existencia del futuro en el ahora del presente. En el ejemplo de la cremallera del tiempo, es como saltar desde la hilera dentada de lo físico-material a la hilera dentada de lo psíquico-energético deslizándose en esa dimensión hacia el futuro, sin haberse movido físicamente del ahora, donde se están engranando los dientes del momento presente. 

En definitiva nuestra consciencia avanza siempre hacia el futuro, como si el futuro tirase de ella, pero no puede verlo con claridad, salvo leves destellos, solo puede considerar el terreno firme del presente por donde “pisa”, y mirar de vez en cuando hacia atrás en el pasado, pero con cuidado, porque mirar continuamente hacia el atrás nos hará caer, al no estar atentos a lo que nos está llegando del futuro para que obremos sobre ello. Por tanto la cuestión del tiempo se resuelve siempre en el ahora que es el futuro de ayer y el pasado de mañana. ¡Solo un punto de referencia de la conciencia en el círculo infinito de la eternidad! 


El Tiempo en Astrología 

En Astrología el tiempo no es lineal como hemos visto hasta ahora en el plano psicológico, no se entiende exclusivamente como una sucesión de causa-efecto, como antes-ahora-después. Es un tiempo rítmico donde las estructuras cíclicas se repiten de manera progresiva, donde cada ciclo sucede a otro anterior pero en un orden más desarrollado, más amplio. 

Por eso en Astrología los ciclos son análogos entre sí, de tal modo que sus distintas etapas permiten ser comparadas. En esto se basa el principio de la analogía: “como es arriba así es abajo”. 

Ahondando un poco más en la idea de vibración cíclica podemos entenderla como un movimiento de la energía que determina y expresa una relación particular y única entre lo que llamamos Espacio y Tiempo. Dicho de otro modo, el estado vibratorio de las cosas es una "unidad de información" que define un estado particular y exclusivo en el tejido dimensional del Espacio-Tiempo y que por ello expresa o manifiesta la naturaleza y el grado de existencia de dicha cosa o fenómeno. Así un ciclo de vibración de un orden superior impregna de su estado vibracional a los demás ciclos inferiores que de él dependen. 

Como la Astrología es el arte y la ciencia que sitúa y unifica al Hombre con el Cosmos, el hombre resulta un microcosmos dentro de un orden cósmico total y unificador, que todo lo contiene en sí mismo. Como hijo que es de la Tierra que habita y le nutre y del Sistema Solar que le da vida. 

Ese Orden Total vincula al hombre con el Cielo y la Tierra y por ello es reflejo de ese mismo orden que lo contiene. Es como hablar de las células observando al cuerpo, el organismo superior que las contiene. 

La Astrología no pretende otra cosa que desvelar esa relación establecida. Para ello mira donde está situado el hombre dentro de la Tierra y cuál es su conexión con el superior estado celeste. Todo lo demás (cálculos, cartas, interpretaciones, etc.) es el lenguaje que utiliza la Astrología para desvelar y revelar ese vínculo esencial del hombre con el Cielo y la Tierra. 

Con estas premisas podemos ver cómo se desarrolla un ciclo superior (los ciclos planetarios por ejemplo), lo que nos permite hablar de cómo se desarrollará el ciclo inferior del hombre, al estar éste sometido a aquel ciclo superior. En este sentido es en el que podemos hablar de predicción, de pronóstico para el futuro, pues al observar los cielos observamos todos sus “engranajes”.

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